Panamá ha dado un paso estratégico para reforzar su papel en el comercio energético global: construir un gasoducto terrestre que conecte el Atlántico con el Pacífico, a lo largo del istmo. La obra, de unos 80 km de longitud y paralela al Canal, permitirá transportar gas licuado de petróleo (LPG) sin depender del tránsito marítimo, afectado en los últimos años por las sequías y la creciente congestión logística.
¿Cómo funcionará?
El sistema es simple, pero transformador. Barcos, principalmente desde la costa este de Estados Unidos, traerán cargamentos de gas al Caribe panameño. Allí, el LPG será descargado y enviado por tubería hasta la costa del Pacífico, donde se volverá a embarcar rumbo a su destino final. Todo esto sin cruzar el Canal, lo que reduce tiempos, costos y exposición a interrupciones hídricas.
Esta infraestructura no reemplaza al canal: lo complementa. Es una nueva ruta terrestre diseñada para hacer más eficiente y resiliente el tránsito energético global.
¿Por qué ahora?
La necesidad es urgente. En 2024, las restricciones por sequía redujeron el número de tránsitos por el Canal a mínimos históricos, y el paso de buques de gas cayó más de un 60 %. Al mismo tiempo, la producción estadounidense de gas —especialmente de propano y butano— sigue en auge, mientras crece la demanda en Asia y América del Sur.
Pero también hay un contexto geopolítico más amplio. Las tensiones en rutas como el Estrecho de Ormuz, el Mar Rojo o el Mar de China Meridional han puesto en evidencia la necesidad de contar con corredores logísticos seguros, estables y neutrales. El gasoducto en Panamá no solo responde a un problema de capacidad hídrica: también se convierte en una alternativa estratégica frente a disrupciones globales.
Exportaciones de propano desde EE. UU.: Asia domina, Sudamérica gana peso
En 2024, las exportaciones de propano desde Estados Unidos alcanzaron un récord histórico de 1.8 millones de barriles por día, según la U.S. Energy Information Administration (EIA). La mayor parte de este gas proviene de la región del Golfo (Texas–Alabama), donde se embarca en buques tipo VLGC. Aunque estos barcos pueden cruzar el Canal de Panamá gracias a las esclusas ampliadas en 2016, la prolongada sequía de 2022–2024 provocó largas demoras, desvíos costosos y una caída del 66 % en los tránsitos de LPG, según datos de la Autoridad del Canal.
Asia lidera como destino del propano estadounidense. En 2024, Japón superó los 500,000 barriles diarios, seguido de China, México y Corea del Sur. También destacan Indonesia y varios países europeos, como Holanda y Bélgica.
Pero la presencia de Chile (7.º), Ecuador (12.º) y Perú (20.º) confirma que Sudamérica también está creciendo como mercado receptor. Estos tres países recibieron en conjunto más de 80,000 barriles diarios, una cifra significativa que podría incrementarse si la logística se vuelve más ágil y competitiva con el nuevo gasoducto panameño.
¿Quién se beneficia?
El gasoducto representa una solución estratégica para conectar de forma más eficiente la creciente oferta de gas estadounidense con los principales centros de demanda global. Asia lidera el consumo de propano de EE. UU., con países como Japón, China y Corea del Sur a la cabeza, y otros mercados emergentes como Vietnam, India o Indonesia con demanda en aumento. América del Sur, donde destacan Chile, Ecuador y Perú, también se beneficia al acceder a una ruta más directa y menos costosa, evitando desvíos por Suez o el Cabo de Hornos. Para Estados Unidos, este corredor terrestre refuerza su capacidad de exportación frente a cuellos de botella logísticos o limitaciones climáticas en las rutas tradicionales. En el caso de Europa, si bien sigue siendo un destino importante para el gas estadounidense, su estrategia energética apunta a reducir progresivamente el uso de gas en favor de fuentes renovables. Esto abrirá oportunidades para redirigir volúmenes hacia Asia y América Latina, y Panamá, con su nueva infraestructura, puede ser un punto clave para facilitar ese reequilibrio del comercio energético.
¿Qué gana Panamá?
Este proyecto lo convierte en un hub energético terrestre, además de paso marítimo. Atrae inversión, refuerza su perfil logístico y fortalece su papel como eje estratégico entre productores y consumidores de energía.
Además, Panamá no se limitará al tránsito de moléculas: ya se perfilan oportunidades para expandir su rol en actividades complementarias como bunkering, almacenamiento, redistribución y comercio regional de gas. Proyectos como la alianza entre CB Fenton y Kanfer Shipping para establecer un centro de abastecimiento de GNL refuerzan esta visión.
Estado actual del proyecto
En abril de 2025, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) aprobó formalmente el inicio del proceso de licitación pública para desarrollar el gasoducto terrestre que conectará el Atlántico y el Pacífico. Se proyecta una capacidad inicial de hasta 1 millón de barriles diarios, con posibilidad de expansión a medida que aumente la demanda.
Actualmente, la ACP se encuentra en etapa de consulta con operadores privados internacionales con experiencia técnica y capacidad financiera. Se espera adjudicar el proyecto en los próximos meses. La decisión de inversión se daría entre 2026 y 2027, con operaciones estimadas para inicios de la próxima década.
La envergadura del proyecto podría atraer a actores globales del gas y la infraestructura con presencia en América Latina. Empresas especializadas en construcción, operación de ductos o servicios logísticos podrían ver en este gasoducto una oportunidad estratégica de largo plazo.
Durante la Conferencia Internacional de GLP en Tokio, celebrada en junio de 2025, la ACP reafirmó su compromiso con la eficiencia logística y su rol como aliado estratégico del comercio energético global. Allí, el administrador Ricaurte Vásquez declaró:
“La Autoridad del Canal de Panamá sigue comprometida con ofrecer soluciones logísticas que garanticen la continuidad y confiabilidad del comercio global. Este proyecto de gasoducto es parte de una estrategia más amplia para aumentar nuestra resiliencia operativa y ampliar las capacidades del istmo como eje interoceánico.”
¿Hay competencia en la región?
Actualmente, ningún país latinoamericano ofrece una infraestructura comparable que combine posición geográfica, escala y funcionalidad logística como Panamá. Aunque hay proyectos energéticos en Brasil, Colombia o México, ninguno tiene una conexión terrestre interoceánica de estas características, lo que posiciona a Panamá como un nodo energético único en el hemisferio.
Conclusión
Este gasoducto no es solo infraestructura. Es una respuesta directa a la presión del cambio climático, a los cuellos logísticos globales y a la evolución de los mercados energéticos. Refuerza la resiliencia de la región, mejora la eficiencia del comercio de gas y posiciona a Panamá como un actor clave, no solo en el tránsito, sino en la redistribución y transformación del comercio energético del siglo XXI.