Cronología: Trump vs. Energías Renovables en EE.UU.

Cronología: Trump vs. Energías Renovables en EE.UU.
Foto: Donald Trump y el debate sobre el futuro de las energías renovables en Estados Unidos. Fuente: Photo illustration / AP photos

Estados Unidos vive un momento de giros drásticos en su política energética. Tras una administración de Joe Biden que apostó fuerte por las energías limpias, con incentivos históricos a la solar y la eólica a través de la Ley de Reducción de la Inflación, el regreso de Donald Trump ha supuesto un cambio de rumbo. En pocos meses, el expresidente ha tomado decisiones que han frenado proyectos emblemáticos, reducido subsidios y añadido nuevas trabas regulatorias.

Durante los años de Biden, las renovables habían alcanzado alrededor de un 23 % de la generación eléctrica en EE.UU., con un crecimiento acelerado en parques eólicos y solares. El objetivo declarado era ambicioso: una red eléctrica 100 % libre de carbono para 2035. Ahora, esa trayectoria parece en entredicho.

Conviene recordar que no es la primera vez que Trump choca con las renovables. Ya en su primer mandato (2017–2021) impulsó la salida de EE.UU. del Acuerdo de París, defendió al carbón y al petróleo, y se mostró abiertamente crítico con la energía eólica, a la que acusaba de ser costosa y perjudicial para el paisaje. La diferencia es que ahora, apenas regresó al poder, las medidas han sido más rápidas, directas y con efectos inmediatos en proyectos específicos.

Cronología de decisiones recientes

20 de enero – Primer día en el cargo
Su primera acción fue pausar todos los nuevos contratos y permisos para proyectos solares y eólicos en tierras y aguas federales. Esta decisión paralizó una parte importante de la cartera de proyectos que estaba en fase de desarrollo, generando incertidumbre en los inversionistas y en los gobiernos estatales que contaban con esos planes para alcanzar sus metas de transición.

17 de abril – Frenazo a la eólica marina
Trump ordenó detener el proyecto eólico marino de Equinor frente a la costa de Nueva York. El argumento fue la falta de revisión ambiental, aunque observadores señalan que los estudios ya estaban en curso. El proyecto se reactivó semanas más tarde, pero el gesto envió una señal clara: la administración estaba dispuesta a interrumpir proyectos de gran escala aun cuando ya habían avanzado significativamente.

4 de junio – Fin a los subsidios verdes
Una de las decisiones más polémicas fue la firma de la llamada One Big Beautiful Bill Act, que eliminó antes de lo previsto los subsidios y créditos fiscales a proyectos de energía limpia. Estos incentivos habían sido el corazón de la expansión renovable bajo Biden. Analistas proyectaron que la medida podría frenar miles de millones de dólares en inversión y poner en riesgo miles de empleos ligados a la construcción de parques solares y eólicos.

17 de julio – Nuevas trabas burocráticas
El Departamento del Interior anunció nuevos requisitos de revisión para proyectos en tierras federales. En la práctica, esto significa plazos más largos, costos adicionales y más incertidumbre para desarrolladores, en contraste con la política de simplificación regulatoria que se venía aplicando bajo la administración anterior.

6 de agosto – Proyecto emblemático cancelado
El caso más sonado fue la cancelación del parque eólico Lava Ridge en Idaho, diseñado para generar 1.000 MW, equivalente a abastecer a cientos de miles de hogares. El gobierno justificó la decisión en la oposición de comunidades locales y en conflictos legales, pero el hecho de retirar el respaldo a un proyecto de esa magnitud fue interpretado como un mensaje político contra la eólica terrestre.

15–18 de agosto – Golpe fiscal y agrícola
En menos de una semana se anunciaron tres medidas clave: el cierre de un programa de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que destinaba 7.000 millones de dólares a proyectos solares en comunidades de bajos ingresos; la decisión del Tesoro de limitar la elegibilidad de créditos fiscales para renovables; y el anuncio del Departamento de Agricultura de que no respaldaría proyectos en tierras agrícolas productivas. En conjunto, estas acciones redujeron el alcance de la política de fomento a la energía limpia, especialmente en territorios rurales.

21–22 de agosto – Seguridad nacional como excusa
El gobierno abrió una investigación sobre componentes importados de turbinas eólicas, alegando riesgos de seguridad nacional por su procedencia, en muchos casos de Asia. Paralelamente, la Oficina de Gestión de Energía Oceánica (BOEM) ordenó detener la construcción del parque eólico de Orsted en Rhode Island, que ya estaba avanzado en un 80 %. Puedes leer nuestro análisis detallado de este caso en este artículo.

25 de agosto – Revocación en Maryland
Finalmente, la administración anunció la revocación del permiso para el proyecto eólico marino de US Wind, ubicado frente a la costa de Maryland. Este parque era visto como pieza central para la expansión de la eólica offshore en la región.

¿Qué hay detrás de estas decisiones?

Las motivaciones de Trump parecen ser múltiples. Por un lado, mantiene una relación cercana con sectores de combustibles fósiles, que ven en las renovables un competidor directo. Por otro, refuerza un discurso ideológico: durante años ha criticado lo que llama la “agenda verde”, considerándola un freno económico. También es un movimiento político: su base electoral incluye comunidades rurales e industriales donde los subsidios a renovables son vistos con desconfianza y donde el petróleo y el gas siguen teniendo fuerte peso económico.

Al invocar la seguridad nacional, Trump además introduce un argumento que conecta con su narrativa sobre la dependencia de importaciones, especialmente de China, país que domina la fabricación de paneles solares y turbinas.

Conclusión

El nuevo rumbo de EE.UU. genera incertidumbre tanto dentro como fuera del país. La suspensión de proyectos, la reducción de subsidios y la narrativa anti-renovable podrían frenar el ritmo de crecimiento de la industria, con consecuencias en la transición energética global. Para América Latina, que mantiene vínculos crecientes con la cadena de valor de la energía limpia, este viraje en la política estadounidense también puede traducirse en menos cooperación, menos inversión y un menor sentido de urgencia en los compromisos internacionales.

Más allá de Trump, lo que queda claro es que la energía renovable se ha convertido en un campo de disputa política en EE.UU., con repercusiones que trascienden sus fronteras.

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